Hace tiempo leí el libro de Birger Sellin, un joven alemán al que le fue diagnosticado un autismo de tipo grave cuando contaba tan sólo dos años. En los escritos iniciales el chaval apenas es capaz de juntar dos o tres letras; con el tiempo y con la práctica logra hacer de la máquina de escribir su único modo de comunicación. A través de sus primeras palabras y sus primeras frases (con o sin significado aparente) enseña al mundo las cadenas invisibles que le atan a sí mismo, los barrotes de su celda mental, de la asfixia y la angustia. El mensaje es claro y conciso, ardiente y helador. Sellin grita en sus textos lo que su boca calla, lo que su cerebro le obliga a esconder, la invitación a la insurrección inmóvil y silenciosa. Este es el fragmento que más me gusta:Ahora por fin escribo un himno sobre el gozo de hablar, un himno para mudos autistas para cantarlo en asilos y casas de locos. Púas de bieldos son los instrumentos. Canto este himno desde los abismos del infierno y hago un llamamiento a todos los mudos de este mundo. Haced del canto vuestro himno, descongelad los helados muros y luchad contra la marginación. Queremos ser una nueva generación de mudos, un tropel con canciones y cánticos nuevos, como hasta hoy nunca oyeran los que hablan. Jamás encontré un mudo entre los poetas, queremos ser por eso los primeros y nuestro cantar no puede pasar inadvertido. Para mis mudas hermanas son mis versos, para mis mudos hermanos. A nosotros nos oirán y nos darán un lugar donde poder vivir con todos vosotros en una vida de esta sociedad.
"Quiero dejar de ser un dentrodemí: mensajes desde una cárcel autista" de Birger Sellin (GALAXIA GUTENBERG, 1994)






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