viernes, 8 de febrero de 2008

El vecino del quinto segunda

Me llamo Marta. Tengo 32 años. Y vivo sola. En el primero primera de una finca de cinco plantas. Cada planta, dos puertas.

En el primero segunda, viven Pilar y Jesús. Unos viejecitos entrañables a los que veo poquísimo porque nuestros horarios de entradas y salidas son incoincidentes cien por cien. Ellos están encantados de tenerme de vecina "conpuerta" porque soy silenciosa y discreta. Y a mí ellos también me parecen los "conpuertos" perfectos ahora que he superado el tema de tener el volumen de su tele en mi salón.

Segundo primera, Vincent. Un chico francés. Educado, silencioso, camina descalzo, se levanta a las 5'30 - oigo su despertador- y es gay.

En el segundo segunda vive la familia más ruidosa de toda Barcelona. Tres hijos. Trillizos. El hombre se dedica a mover muebles a horas insospechadas. ¿Será una terapia antiestrés? No creo que nadie cambie la distribución y la decoración tanto como ellos. Ni los del Ikea. Cierran puertas como si de un concurso de "haga girar su puerta" se tratara. Gritan. Lloran. Y, lo peor, lo peor, lo peor, conviven con Tomás: un caniche horroroso que ladra en tono soprano. Y ladra mucho.

Los pisos tercero y cuarto son los grandes desconocidos para mí. Sé, vagamente, que viven parejas jóvenes pero exactamente no sé qué pareja vive en qué piso. Y tampoco tengo muy claro si el chico de gafas es el novio de la pelirroja; o si el rubio tio bueno es el marido de la italina morenaza.

Como no uso el ascensor, no los tengo controlados. Y como en las ciudades está de moda tener vecinos pero no conocerles para conservar el anonimato al máximo, pues ya es normal que sepa cómo se llaman, porque lo pone en los buzones, pero nada más. Así que Luis y Laura, Jaime y Daniella, Víctor y Lydia, y Gema y Rafa ocupan las cuatro puertas del 3 y del 4.

En el quinto primera vive otra chica sola, como yo. Se llama Isabel y sé poco más. Con ella he coincidido algunos viernes a las tantas. Y con sus amantes - porque digo yo que de algún lado saldrán esos chicos - también me he cruzado algunas veces.

El quinto segunda estaba desocupado. La ventana que da a la fachada principal tenía un cartel de "SE ALQUILA" desde que yo llegué a esta finca hace dos años. Pero hoy, cuando he vuelto del trabajo, ya no lo he visto.

A cambio, en el buzón del quinto segunda ha aparecido un nuevo cartelito:
MARTÍN DUCH.

... CONTINUARÁ...

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